
Cuando el agua de La Canela dejó de ser potable, la vida cotidiana se volvió de repente mucho más difícil. «Se ponía un poco de cloro en el agua, y esa agua cogía para utilizar en la cocina», cuenta Nancy Álvarez, vecina de La Canela (foto de la izquierda). «Sin agua fiable, todo se volvió más complicado y llevaba más tiempo».
Para los más de 400 habitantes de este pueblo de montaña en Ecuador, el agua ya no era algo que se diera por sentado. Lo que salía del grifo era incierto. A veces el sistema aún funcionaba, pero a menudo no.
Un sistema que fallaba

Javier Guerrero, presidente del comité del agua, también vio cómo la situación empeoraba. «Cuando empezamos como nueva junta directiva, nos encontramos con una serie de inconvenientes. Teníamos problemas con las válvulas, que ya habían llegado al final de su vida útil. Ya no se podían abrir», dice. «El sistema necesitaba un mantenimiento urgente.»
Pero La Canela no está sola. En muchos pueblos de la zona fronteriza entre Ecuador y Perú, los sistemas de agua potable se están deteriorando. Las juntas de agua intentan hacerse cargo del mantenimiento, pero a menudo carecen de recursos y apoyo suficientes.
«Los sistemas existen, pero a menudo no hay presupuesto para mantenerlos adecuadamente», explica Marcelo Ordoñez, de Protos Andes. «Por eso se van deteriorando poco a poco.»
Trabajo colectivo: las mingas
La comunidad decidió tomar la iniciativa.
Con el apoyo de Protos Andes y Join For Water, los habitantes organizaron mingas: jornadas de trabajo colectivo en las que todos colaboran. Hombres y mujeres se adentraron en las montañas cargando arena, piedras y tablones de madera. A veces durante horas, bajo la lluvia y por empinados senderos de montaña.
Para muchas familias, el dinero escasea. Por eso, su contribución consiste en su tiempo y su esfuerzo. Al trabajar juntos en la restauración del sistema de agua, no solo invierten en agua, sino también en su comunidad.
Los técnicos locales y el ayuntamiento también contribuyeron, pero sin el esfuerzo de los vecinos el proyecto nunca habría tenido éxito.
«Los habitantes han desempeñado un papel crucial», afirma Danilo Zumba, del ayuntamiento. «Han unido sus fuerzas, y esa colaboración merece todo nuestro elogio».
